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Mostrando las entradas con la etiqueta poesía

El último hit de Cristina Piña

por Claudio Lomenzo Las palabras de las "Estaciones del yo" habitan presentes auténticos, sensaciones intensas, momentos del ser en el tiempo. Cristina explora las profundidades, se sumerge y demuestra que sabe respirar bajo esa situación de ahogo. A su regreso es una " mujer que escribe/ en estado de suspensión ". Este poemario está agrupado en tres estaciones. El invierno, el más cruel, tremendo inicio con poemas fuertes, y tono intempestivo. Desea dejar bien en claro cuales son las cosas que molestan. El verano, su calma, y su mediodía fulgurante en el Delta del Paraná. Y por último el otoño, con su hondura, y todo el oficio de una poeta que fortalece la poesía. Mucho hay para asombrarse cuando lo sensible y el pensamiento cruzan sus límites, en busca "del jubiló de la voz", o de la "pura luz", o la fuerza necesaria para enfrentarse con los miedos. Intento pensar que lo que ocurre con el yo, no es que ingresa a una estación determinada, sino q...

¿Cómo podría yo hablar de La Función de la Marea?

  Cuando veo en películas o series la forma en que directores y actores escenifican a los críticos literarios, a los poetas hablando sobre poesía, a profesores de letras presentando libros, suelo sentirme bastante estúpida.  Quizá se deba a que la línea que divide la formación de conceptos útiles y bellos de aquellos rebuscados que no dicen mucho, es muy fina. Las obras que realmente merecen respeto profundo suelen generar, en primera instancia, silencio, reflexión, no calzando con justeza en pensamientos prepensados. Desde otro punto de vista, y por experiencia, sé que gran parte de los críticos no aceptan reseñar un libro si es para hablar mal. Y, en el caso de que lo hicieran, es el editor quien cumple con la tarea de quitar de en medio la  oscura reseña.  El problema de estas conductas políticamente correctas es que obligan al lector a realizar una traducción a otra escala de los contenidos: si dice bueno debe ser porque no es tan malo como para que se le ni...

Argerich... desde distintos ángulos

  "El hombre joven de polera negra y rulos taninos sabe que es ella.  Todos lo saben.   El sillón es un hueco tibio.  Casallarch siente la tibieza bajo el faldón, no en el triángulo sino en las carnes periféricas.  Él se sienta al piano. Es buen intérprete, pero necesita estudiar. Esfuerzo, orden y luego romperse el lomo, otra vez, para hallar una gruta escondida donde enterrar su pasado, una gruta que debería permanecer atiborrada de maldiciones en su necesario afán de intentar alguna clase de desánimo, de amedrentar – so pena de muerte – a cualquier posible usurpador de tumbas, ocasional chantajista, chusma de barrio.  Belleza, en un diccionario confiable y veraz, debería ser antónimo de esfuerzo. No de un modo vanidoso, progresivo o en escalera, sino como producto final, limpio de esquirlas: belleza como ente huérfano de cualquier principio germinal." Fragmento del primer volumen de  Variaciones Argerich. Piano/Forte.   Nov...

Pequeños relámpagos... en la poesía argentina

  Elba Serafini no se destaca por editar sus libros apresuradamente. Tres libros entre 2007 y 2022 no es lo que podríamos llamar publicar a tontas y a locas. Elba Serafini es una de esas poetas que sopesan su trabajo, lo dejan ver por otros poetas, lo depuran hasta el cansancio. Su obra comenzó a ser leída a partir de los movimientos literarios que tuvieron lugar en Quequén, en el año 2006, con Sigamos Enamoradas. Con la venia de la gran Alicia Genovese, sus primeros poemas se dejaron escuchar en numerosas lecturas, participaron en algunas de las antologías Hotel Quequén , y a partir de ahí, publicó su primer libro en edición bilingüe en 2007, Dinamarca . Comenzó a viajar a festivales internacionales y a participar con reseñas en importantes publicaciones, como Periódico de Poesía de la UNAM. En 2014, publicó  El lugar en el que estábamos , por Viajero insomne. Sólo les dejo unos versos, de un poema, de un libro. Su último libro, Pequeños relámpagos en un día soleado , ed...

Rarezas que vuelven: Hotel Quequén IV. Submarino

Dicen que bucear en Quequén, en la boca del puerto, ahí donde el mar se une con el río, entre las escolleras, es aterrador. Apenas te ves las manos. Los lugareños saben que el Puerto de Quequén está lleno de restos de naufragios, de buques fantasmas, de historias trágicas. Si alguien osa bajar, si intenta observar, su mundo submarino de primera mano, debe prepararse para el encuentro sorpresivo. Para los desembarcos ocultos. Este pequeño libro, editado originalmente para acompañar en la 4° Edición del festival que se realizó en 2011, en el balneario de Quequén, apenas se distribuyó en forma gratuita entre lectores y amigos de la casa. La playa había visto leer a poetas, cuentistas, antropólogos, ensayistas. Vio crecer amores. Y todo lo que de ello parte. La editorial sostuvo la costumbre de dejar a los participantes un obsequio, un souvenir de la fiesta, en forma de libro. Submarino no fue un libro como las anteriores, donde se agruparon por género poetas argentinos (en Hotel Quequén I...

Malatesta para todo el mundo

  Poeta de la naturaleza, de la quietud y del instante, como a su hora fueron Robert Frost y Li Po, Roberto Malatesta ocupa un lugar descentrado en el panorama de la poesía argentina, a la vez que tiende -como Beatriz Vallejos, como el mismo Juanele- un arco que ya es tradición, entre el oriente lejano y nuestro litoral. En sus poemas la fuerza del no hacer, la presencia de lo inasible y de lo débil, la potencia del susurro, imparten lecciones de quietud para que el mundo se revele, porque la poesía desprecia al impaciente. Todo esto requiere de una gran fortaleza, sólo de ese modo se construye esa voz intraducible, esa música arrasadora sobre nuestras cabezas. Así, el Cuaderno del no hacer nada se convierte en el cuaderno de hacer poesía. Pura mirada que se libra de toda ostentación (intelectual, experimental, emotiva) y atraviesa capas de engañosos significados hasta anidar en el hueso tibio de las cosas. María Teresa Andruetto   Roberto Malatesta nació en Santa Fe, en...

De nuevo en pista: La Única Cosa Necesaria

    Y te digo que mucho se le perdona, porque mucho amó. Y poco se perdona al que amó poco. Evangelio de Taciano   Desde abajo, quizá desde otra capa de la tierra, un horizonte iluvial o aún más profundo, su enojo e impotencia no eran por mi causa. Pensaba en la juventud, fuerza de piñones, cadenas, en su costumbre de avanzar, avanzar, y abandonar las cosas que fueron por las que son, y cuidar con celo de mí, de nosotros. Pero la furia dominó en la formación, Ialdabaot, por el padre, por la vida, y en su mano de costurera un golpe, un chasquido de plástico calibrado y punta metálica, cayó en uno de mis ojos. El acto fuera de sus cálculos y mis manos en el ojo, guardado en el párpado, y en mi frente que guardaba el ojo, quiso limpiar el pecado, la culpa, pero quieta sobre lo blanco en el consultorio mentí acerca de la causa: la causa última de todas las cosas se encuentra más allá de mi madre.  Marina...