Yo quisiera tomar un poema de Auli, uno solo, y hacer lo que hizo Fabián Casas con Rosebud : despertar a quienes no sabemos leer poesía -o la leemos a los ponchazos- con un cariñoso coquito en la cabeza mientras dice: che, presten atención acá . Yo quisiera tener la capacidad de tomar un solo verso de Auli, y escribir algo que invite a leerlo, a leer toda su poesía. Por partes, ordenada, o desordenada, da igual. La cosa es que anoche me dormí con el último verso del último libro de Jorge Aulicino en la mente (el libro se llama La lírica y, en realidad, es un dueto: El Capital - La lírica , escritos en 2010 y 2020 respectivamente, editados por Barnacle). Por supuesto, repetí el verso final en mis sueños, escribí un ensayo en mis sueños, y realicé una exégesis profunda del poema. Pero, por la mañana, descubrí que solo había logrado destrozar el verso de Auli. En mis sueños repetía: Dios: esa silla en la ventana. En el poema, sin embargo, dice:...
Cualquier cosa, pero que no falten los libros