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¿Cómo podría yo hablar de La Función de la Marea?

 



Cuando veo en películas o series la forma en que directores y actores escenifican a los críticos literarios, a los poetas hablando sobre poesía, a profesores de letras presentando libros, suelo sentirme bastante estúpida. 

Quizá se deba a que la línea que divide la formación de conceptos útiles y bellos de aquellos rebuscados que no dicen mucho, es muy fina. Las obras que realmente merecen respeto profundo suelen generar, en primera instancia, silencio, reflexión, no calzando con justeza en pensamientos prepensados.

Desde otro punto de vista, y por experiencia, sé que gran parte de los críticos no aceptan reseñar un libro si es para hablar mal. Y, en el caso de que lo hicieran, es el editor quien cumple con la tarea de quitar de en medio la oscura reseña. 

El problema de estas conductas políticamente correctas es que obligan al lector a realizar una traducción a otra escala de los contenidos: si dice bueno debe ser porque no es tan malo como para que se le niegue un sitio, o porque su nombre o influencias le dan lugar; si dice sublime, como lo sublime tampoco es verosímil, no ha de serlo tanto, y quizá también se piense en influencias o tendencia, o nombre, o intereses económicos implicados. Así, el nuevo mapa de valores creado por el lector no conservará las proporciones entre valores, será una versión aún más distorsionada que la proyección de Winkel – Tripel del globo terráqueo sobre el plano.

Con estas dos ideas en mente, me limitaré a reducir mi comentario sobre La Función de la Marea, de Silvia Dabul, a la enumeración de aquello indiscutible:

1) Dabul es una destacada pianista y poeta. O sea, no es una prestigiosa pianista que se saca el gusto de editar un libro de poemas. Ni una gran poeta que se saca el gusto de tocar el piano.

2) Debido a su formación y a la seriedad de su trabajo puede trasliterar -si es que está permitido ampliar el uso de este verbo al acto de reflejar el significado de un universo en otro, hecho de palabras- la sensibilidad de un mundo musical y de la interfase que este mundo tiene con la materialidad del cuerpo al siempre ambiguo campo de la poesía. O sea, no se asombrará con el aleteo de los dedos sobre el teclado ni caerá presa de algún compositor de moda entre los intelectuales.

3) El libro, marcando la cruel distancia entre la poesía y la música, exige la discontinuidad. Una lectura que debe detenerse. Nunca mejor dicho, una lectura detenida. Tomarse el tiempo que exige cada poema y entre cada poema, entre cada una de las tres sesiones del libro: Diario de fuga, Invenciones a dos voces, y Viaje de Invierno. 

4) El material poético tiene una estructura que podría describirse como onírica, en tanto utiliza simbolismo, desplazamiento, condensación y proyección. Libre en las formas, libre en los contenidos, donde la única figura estable es el yo poético.

5) Dabul se encuentra en su mejor forma. Que para muestra baste un poema.

Sueño Primaveral

Soñé que mi ojo graznaba. Lo recuerdo ahora, sentada frente a la ventana. ¿Quién pintó en mis cristales estas flores de colores? ¿Qué extraño pacto hicieron en mi mente las cornejas? Preguntas peregrinas. No se puede arriesgar nada. Pasé horas a oscuras y ahora me trae la luz un gallo. Puedo oír sus carcajadas. Afuera comienzan a latir los brotes. Es la dicha de las verduras. Amor sobre amor. Voy a correr a abrazarlos.



Silvia Dabul, pianista y poeta, nació en Mendoza, Argentina y se graduó en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. Obtuvo numerosos premios y distinciones. Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes, Camerata Bariloche y Fundación Antorchas. Actuó como solista junto a las orquestas Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo, Sinfónica de Mar del Plata, Sinfonietta de la Fundación Omega, Sinfónica Provincial de Rosario, Sinfónica Provincial de Bahía Blanca, Sinfónica de Asunción (Paraguay), Sinfónica Nacional y Filarmónica del Teatro Colón. Es incluida regularmente en los principales ciclos de música de cámara y contemporánea de su país: Teatro Colón, Centro Cultural Kirchner, Centro Nacional de la Música, Biblioteca Nacional, Colón Contemporáneo y Teatro General San Martín. Como poeta, publicó Lo que se nombra (Ediciones en Danza 2006), Cultivo de especias (Ediciones en Danza 2011) y La función de la marea (La gran Nilson 2022). Ha publicado en las revistas Hablar de Poesía y Diario de Poesía. Desde hace diez años trabaja en el Diario del otro lado, cruce de ensayo y registro poético a partir del mundo de los sueños. Fue incluida en numerosas antologías.

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