Cuando veo en películas o series la forma en que directores y actores escenifican a los críticos literarios, a los poetas hablando sobre poesía, a profesores de letras presentando libros, suelo sentirme bastante estúpida.
Quizá se deba a que la línea
que divide la formación de conceptos útiles y bellos de aquellos rebuscados que
no dicen mucho, es muy fina. Las obras que realmente merecen respeto profundo suelen
generar, en primera instancia, silencio, reflexión, no calzando con justeza en pensamientos
prepensados.
Desde otro punto de vista, y por experiencia, sé que gran parte de los críticos no aceptan reseñar un libro si es para hablar mal. Y, en el caso de que lo hicieran, es el editor quien cumple con la tarea de quitar de en medio la oscura reseña.
El
problema de estas conductas políticamente correctas es que obligan al
lector a realizar una traducción a otra escala de los contenidos: si dice bueno
debe ser porque no es tan malo como para que se le niegue un sitio, o porque su
nombre o influencias le dan lugar; si dice sublime, como lo sublime tampoco
es verosímil, no ha de serlo tanto, y quizá también se piense en influencias o
tendencia, o nombre, o intereses económicos implicados. Así, el nuevo mapa de
valores creado por el lector no conservará las proporciones entre valores, será
una versión aún más distorsionada que la proyección de Winkel – Tripel del
globo terráqueo sobre el plano.
1) Dabul es una destacada pianista y poeta. O sea, no es una prestigiosa pianista que se saca el gusto de editar un libro de poemas. Ni una gran poeta que se saca el gusto de tocar el piano.
3) El libro, marcando la cruel distancia entre la poesía y la música, exige la discontinuidad. Una lectura que debe detenerse. Nunca mejor dicho, una lectura detenida. Tomarse el tiempo que exige cada poema y entre cada poema, entre cada una de las tres sesiones del libro: Diario de fuga, Invenciones a dos voces, y Viaje de Invierno.
4) El material poético tiene una estructura que podría describirse como onírica, en tanto utiliza simbolismo, desplazamiento, condensación y proyección. Libre en las formas, libre en los contenidos, donde la única figura estable es el yo poético.
5) Dabul se encuentra en su mejor forma. Que para muestra baste un poema.
Sueño Primaveral
Soñé que mi ojo graznaba. Lo recuerdo ahora, sentada frente a la ventana. ¿Quién pintó en mis cristales estas flores de colores? ¿Qué extraño pacto hicieron en mi mente las cornejas? Preguntas peregrinas. No se puede arriesgar nada. Pasé horas a oscuras y ahora me trae la luz un gallo. Puedo oír sus carcajadas. Afuera comienzan a latir los brotes. Es la dicha de las verduras. Amor sobre amor. Voy a correr a abrazarlos.Silvia
Dabul, pianista y
poeta, nació en Mendoza, Argentina y se graduó en la Facultad de Artes de la
Universidad Nacional de Cuyo. Obtuvo numerosos premios y distinciones. Fue
becaria del Fondo Nacional de las Artes, Camerata Bariloche y Fundación
Antorchas. Actuó como solista junto a las orquestas Sinfónica de la Universidad
Nacional de Cuyo, Sinfónica de Mar del Plata, Sinfonietta de la Fundación
Omega, Sinfónica Provincial de Rosario, Sinfónica Provincial de Bahía Blanca,
Sinfónica de Asunción (Paraguay), Sinfónica Nacional y Filarmónica del Teatro
Colón. Es incluida regularmente en los principales ciclos de música de cámara y
contemporánea de su país: Teatro Colón, Centro Cultural Kirchner, Centro
Nacional de la Música, Biblioteca Nacional, Colón Contemporáneo y Teatro
General San Martín. Como poeta, publicó Lo que se nombra (Ediciones en Danza
2006), Cultivo de especias (Ediciones en Danza 2011) y La función de la marea
(La gran Nilson 2022). Ha publicado en las revistas Hablar de Poesía y Diario
de Poesía. Desde hace diez años trabaja en el Diario del otro lado, cruce de
ensayo y registro poético a partir del mundo de los sueños. Fue incluida en
numerosas antologías.

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