por Claudio Lomenzo
Las palabras de las "Estaciones del yo" habitan presentes auténticos, sensaciones intensas, momentos del ser en el tiempo. Cristina explora las profundidades, se sumerge y demuestra que sabe respirar bajo esa situación de ahogo. A su regreso es una "mujer que escribe/ en estado de suspensión".
Este poemario está agrupado en tres estaciones. El invierno, el más cruel, tremendo inicio con poemas fuertes, y tono intempestivo. Desea dejar bien en claro cuales son las cosas que molestan. El verano, su calma, y su mediodía fulgurante en el Delta del Paraná. Y por último el otoño, con su hondura, y todo el oficio de una poeta que fortalece la poesía. Mucho hay para asombrarse cuando lo sensible y el pensamiento cruzan sus límites, en busca "del jubiló de la voz", o de la "pura luz", o la fuerza necesaria para enfrentarse con los miedos.
Intento pensar que lo que ocurre con el yo, no es que ingresa a una estación determinada, sino que se estaciona. Y cuando el yo se estaciona, se produce aquello que Lacan dice y Piña suscribe: "Pienso en lo que soy allí donde no pienso pensar". La estación es su "ahí" de ese "estar ahí" en ese momento del mundo. Emmanuel Levinas hablando de Heidegger dice que estar en el mundo significa estar junto a las cosas que tienen sentido, y también estar con otros. Tal vez por eso, sus compañeros de ruta están a la vista en sus poemas: Maillard, Juarroz, Olga Orozco, Eliot, Pizarnik, Mallarmé, Williams, Girondo.
Cuando se estaciona, digo, ella escribe un poema valiente y maravilloso, como es "De vuelta de las cosas". Leyéndolo entendés que no es que la primavera no está nombrada en este libro, sino que en cada estación de ese yo, hay un brote, hay una primavera. Tal vez estos versos te convenzan como a mí: "De vuelta de las cosas/ con las manos manchadas/ por la tinta del tiempo/ los lujos de la juventud/ en duelo/ pero unas ganas tan fuerte de vivir...", y ahí nomás sigue, "cuerpo obstinado en renacer sin tregua/ mano incorregible que acaricia y/ traza y/ toca...".
Sin duda sabe Cristina que la luz de lo otro es la primavera del yo. Libro de lectura inquietante y obligada.
Cristina Piña, "Estaciones del yo", Vinciguerra, 2022.

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