En este libro se logra que el diálogo con el pasado que aparece a lo largo de él no lo convierta en una queja o en un libro donde el desconsuelo oscurece la tonalidad. Por cierto que sus poemas transmiten una singular nostalgia por lo perdido —los muertos queridos, entre los cuales se destaca el padre, la infancia, los lugares de antaño, las figuras que poblaron el pasado, el amor que no se consumó— pero está dicho con una voz tan lírica y tan desposeída de énfasis que no nos transmite ni desesperación ni consternación ante lo ocurrido. En ese sentido cabe caracterizar el tono del poemario como de una despojada melancolía teñida de ternura, a la que se suma una notable riqueza de la dimensión lírica que implica el acierto en el uso de los recursos poéticos, que Laura Chalar maneja con mano precisa y segura. A esos temas tenemos que sumarles una valorización de la infancia, que no se limita a la recuperación del pasado de la voz lírica sino que incluye a otras niñas y niñ...
Cualquier cosa, pero que no falten los libros