Hechicerías, Lidia Rocha (Sigamos Enamoradas, 2024)
Que no
me falten las ganas ni la fuerza para cortar tus pies,
así comienza un viaje poético rudo y bello a la vez. La dominatrix y su
compañero en el Juego están unidos en una fusión indestructible. En esta
relación no hay otro, es necesario llevarlo a ser Otro. La necesidad de
esclavizar para salvar al compañero de ser alguien destinado a la muerte. A
través de las maniobras eróticas la dominatriz abraza atravesando la carne,
queriendo llegar al hueso.
La
falta del esclavizado sería la muerte de la dominatrix, porque el hechizo es
mutuo y la necesidad de comer al otro surge ante la imposibilidad de la unión,
por eso es necesaria la fusión fantasma para comer tu espíritu.
La dominatriz ama al esclavo, quiere rescatarlo con armas feroces, volverlo objeto de devoración, acaso una forma de la obsesión. En el tedio del acontecer diario no existe tal intensidad, hay que saltar la valla para sentirse vivo. lo que salva de la muerte es el deseo extremo.
La belleza es un problema,
por esto hay que humillarla, volverla implacable, acaso por la furia de no
poder poseerla por completo, porque las barreras de los cuerpos están allí. La
belleza no viene sola, es un encantamiento, una luz que encandila.
Estos poemas me remiten a pensar en la
transgresión de los límites convencionales, detrás hay una mirada en lo que hay
más allá de lo ordinario. La propuesta es mística en la medida de ver qué hay
del otro lado de la convención. La belleza es un problema retrata un
núcleo sadiano por excelencia en tanto que es necesario mancillar, corromper lo
puro, aunque en el fondo no es para destruirlo sino para volverlo otra
sustancia, más eterna, más compleja. La
única forma de poder apenas atisbar una suerte de fusión es la de sacrificar el
ego de una de las partes a través de la experiencia extrema de la dominación. El puma sobre una gacela muerta la ha
matado porque no puede sobrevivir sin su carne, vela por ella para que nadie la
robe.
Por un lado, está la relación ama y esclavo,
por otro lado, la relación con la escritura. Ambas contiendas son feroces pero
meticulosas, hieren y curan, sangran y preservan. El lenguaje austero nos hace
creer que es una trampa sencilla, la vemos, pero igual caemos en ella. La
lengua debe ser doblegada, pero es una lucha constante, casi siempre no
llegamos a decir lo que queremos decir, la lengua no alcanza, siempre hay una falta.
La falta es una herida que nunca será curada, así como la muerte. La poesía nos
salva porque ponemos en palabras esa espina clavada, cuando los amantes se unen
es hasta que la muerte los separe.
La poesía salva a su manera, también
hechicera, porque nos transporta a Otro lado, va a lo profundo, por caminos
tortuosos, hace de la escritura una forma de tirarse sin red, como todo
verdadero poeta intenta hacer. Rocha ha logrado este reto por medio de un lenguaje
feroz y cuidado al mismo tiempo. La autora ha creado un universo privado al
cual entramos, como mirando a través de una mirilla, y vamos descorriendo velo
tras velo. El libro subyuga, esclaviza al lector en el mejor de los sentidos
del encantamiento.
Como
lectores pisamos la trampa, bella trampa de la poesía, porque no triunfa ni
dominado ni dominante sino la devoración. En estos poemas se cumple el arte del
encantamiento, es decir un camino lleno de trampas que no queremos esquivar.
No hay lenguaje que diga las cosas de otro
mundo, es la eterna y gozosa lucha. En cierto sentido la
poesía de Rocha construye una rabiosa muralla contra la muerte.
Que no
te vuelvas nunca sobra,
carne
vieja, morbidez,
que
resplandezcas definitivo
como
alas de mariposa atravesadas por el sol.
María Barrientos

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