Dice Borges en su poema Everness: Sólo una cosa no hay. Es el olvido./ Dios, que salva el metal, salva la escoria / y cifra en su profética memoria / las lunas que serán y las que han sido.
Yo no sé por qué pero, a veces, uno odia muy fuerte ese hecho evidente: si hay un Dios, indudablemente, salva también la escoria. Da lo mismo ser derecho que traidor, como dice el tango. Y queremos creer que habrá una justicia a lo Hollywood, un gran acto final que compense las cosas, pero no. Qué queda si no la tentación de volverse Dios y cambiar las leyes de la eternidad.
Bruno Gaitán, Ítalo Bernagozzi, alias perro infame, que no los encuentre la protagonista de esta delgada novela porque, como diría la madre del borrego: "los entierro en el campo y no los encuentra ni Dios".
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