En este libro se
logra que el diálogo con el pasado que aparece a lo largo de él no lo convierta
en una queja o en un libro donde el desconsuelo oscurece la tonalidad. Por
cierto que sus poemas transmiten una singular nostalgia por lo perdido —los muertos
queridos, entre los cuales se destaca el padre, la infancia, los lugares de
antaño, las figuras que poblaron el pasado, el amor que no se consumó— pero
está dicho con una voz tan lírica y tan desposeída de énfasis que no nos
transmite ni desesperación ni consternación ante lo ocurrido. En ese sentido
cabe caracterizar el tono del poemario como de una despojada melancolía teñida
de ternura, a la que se suma una notable riqueza de la dimensión lírica que
implica el acierto en el uso de los recursos poéticos, que Laura Chalar maneja
con mano precisa y segura.
A esos temas
tenemos que sumarles una valorización de la infancia, que no se limita a la
recuperación del pasado de la voz lírica sino que incluye a otras niñas y niños,
entre ellos la hija, que reacciona de manera personal ante las situaciones que
se le presentan y antes se le han presentado al sujeto poético. Por fin, hay
algunos poemas donde aparece el amor presente o el perdido.
Acerca de sus
aciertos, la escritura, además de los rasgos señalados, es de una notable
austeridad, lo que también coadyuva para lograr el tono señalado, que se impone
en la totalidad del libro.
Cristina Piña, Universidad Nacional de Mar del Plata, Premio Konex 2006 y 2014
Chalar es una artista de la poesía, con aguda mirada para las imágenes
impactantes: arenas sin fin, cielos amenazantes, un viejo hotel abandonado. Sus
versos están elaborados con meticuloso oficio y una serena pasión que resuena
en cada palabra.
En el
poema “Verano finlandés”, escribe acerca de su visita a la ciudad finesa de
Tampere: “Llevo años
andando hacia aquí”, hacia el
encuentro con la amiga por correspondencia con quien se escribe desde niña. “Tus manos hacen
fina magia / sobre monedas bruñidas”.
Estos son
poemas de lugares, incluyendo su querido Solís, el balneario donde ha pasado
tantos veranos. Y son también de magia, como cuando distingue, “en la brillante penumbra”, a la
tripulación perdida del barco de guerra Vasa. “Te veo como a través / de una espesura de agua”, dice en esa
ocasión a otra amiga.
El lector encontrará en estos
poemas un “castillo sueco arrancado / a
isla y pantano” y recuerdos recuperados por la autora en un
imaginario evocativo y elegante: “En la terraza vacía se junta // el
viento. Despierta a la vieja mecedora / y las hamacas tiemblan // en su herrumbre, soñando niños”.
Brian Daldorph,
Universidad de Kansas, director editorial de Coal City Press y Review

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