No sé cuántos años tiene Daniel Freidemberg, y no caeré en la tentación de buscarlo en Wikipedia. No me importa. Porque este libro, el último que se ha editado, Esa materia que se fuga, no es un resumen de vida, aunque parezca, sino la imagen de un pasar en limpio todo eso que se ha ido acumulando a medio entender, a medio digerir, en los cajones, en los estantes, en las propias vísceras, en las calles que pisamos. Este libro es la purificación previa de una segunda vida, como diría François Jullien.
Y he visto a las mejores mentes de mi generación
sacando una mano, dos dedos, una oreja,
las veces que pueden, de la irrealidad,
moradas de tanto estrellarse en el espejo,
entrando, cada vez que pueden, al mundo,
haciendo, bien o mal, el mundo con
los restos del naufragio
(Su parte de mundo, ninguna otra).
Y el viento opaco de la historia real, sin límites,
sin nada que explicar, en torno.
Nadie, sino Daniel Freidemberg, podía hacer un libro de poemas tan lindo iniciando todos los versos de la misma manera, usando una y otra vez imágenes que parecen iguales, palabras iguales, y no aburrir, no llevarnos al tedio. Esa materia que se fuga es de esos libros pequeños que te dejan idiota. Sí, idiota, corto de entendimiento, sacan a la luz lo ingenuo que has sido, lo bobo, memo, necio, merluzo y, muchas veces, imbécil, que sin darnos cuenta, hemos sido. Al menos, así, lo veo yo.
Esa materia que se fuga. Daniel Freidemberg. Buenos Aires, Barnacle, 2022.

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