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La Reducción del Retrato al puro rasgo de la Felicidad



Gran parte de las obras aquí presentadas corresponden al periodo luminoso de Gómez Beret. Un espacio temporal en donde el artista lleva su pintura, y el retrato en particular, a despojarse de toda  ostentación, realismo e incluso voluntad de abstracción. Como obras nacidas durante su tercera década de vida, etapa en donde el artista vivía dedicado a la ayuda social y a la búsqueda personal, son trabajos que trascienden el ejercicio inicial de la pintura, la formación tutelada, las experiencias imitativas con materiales, métodos y escuelas. Cada persona, cada evento, que Gómez Beret cruzaba en su camino -y su camino no se limitaba a un círculo citadino particular, sino que lo mismo atravesaba India, Villa Fiorito o Puerto Limón de Costa Rica- era una oportunidad para descubrir la verdadera forma, el interior despojado, para encontrar la belleza de las cosas. Recurriendo al uso del color vivo, casi como medio útil para despertar la ingenuidad infantil, recurriendo al pincel repleto de material, reduce el fondo, reduce el vestuario, llegando en ocasiones a lograr la transmutación de la persona individual en un adjetivo particular. El yo individual y social parece dejar de existir como complejo y se destaca la simplicidad de una mirada, de un contorno. Este fenómeno toma relevancia capital en la obra Sorprendidos en el beso, retrato compartido en la cual -sorprendentemente- faltan bocas y narices. Faltan los elementos centrales de la acción, se encuentran ausentes todo tipo de signos que puedan llegar a connotar los sexos, en tanto genitales y caracteres secundarios masculinos o femeninos. Todo es color, contorno y ojos.


Extraído del libroJuan Manuel Gómez Beret. Retratos, Carbonillas y Obras Selectas. 2022

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